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Opinión en Libertad

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"La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida"

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"La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida"

El pasado mes de marzo se aprobó en la CAM la “Ley de Identidad y Expresión de Género e Igualdad Social y No Discriminación”. Cuando la leí me surgieron muchas preguntas: ¿Por qué hay personas que reclaman que se legisle una ley como ésta?, ¿cuál es la actitud y respuesta de las personas que están en el poder frente a esta petición?, ¿es exclusivo de esta Comunidad o es algo más generalizado? Qué está antes, ¿la Ley natural o la civil?, ¿Qué significado tiene la libertad en el contexto en que vivimos?, ¿cuál es la verdadera libertad?

 

Según el DAE, libertad es la capacidad de la conciencia para pensar y obrar la propia voluntad de la persona pero en sujeción a un orden y regulación más elevados. Por tanto la libertad implica tomar partido por una opción (el bien o el mal).

 

Es evidente que cuando nacemos llevamos inscritos todos los caracteres que definen nuestra vida, la unidad de nuestra persona, entre ellos un deseo infinito e inabarcable de belleza, justicia, verdad,…, de cumplimiento y sentido de todo lo que hacemos y vivimos (Ley Natural) y ello nos lleva a buscar algo que dé una respuesta. Curiosamente en la diversidad, en lo que nos complementa, comenzamos a descubrir nuestra propia identidad. ¿Quién no desea esto? La cuestión es cómo y dónde encontrarlo.

 

¿Cómo lo he descubierto y sigo descubriéndolo? En una comunidad, la Iglesia, en la que he percibido un acento de verdad, una forma de vivir correspondiente con este deseo. Tanto es así, que he redescubierto el verdadero significado de la palabra libertad, es decir, aquella que me lleva a descubrir la dignidad, unidad e identidad de mi persona, que me permite ver el regalo (don) que soy, que me lanza al mundo dentro de lo cotidiano de mi vida, libertad que puedo experimentar esté donde esté (casa, trabajo, dificultades,…) con la esperanza de que todo se me da para crecer en este camino y no caer en el vacío existencial.

 

La sociedad en la que vivimos tiende a cambiar el significado de las palabras censurando su significado verdadero y, para satisfacer el deseo del hombre, las tergiversa y las vende de otro modo; divide a la persona hasta el punto de hacerla creer que es dueña de su cuerpo y, por tanto, puede tratarlo como le plazca. Y a esto le llama ser libre; libertad como “libre albedrío, satisfacción inmediata del deseo, el verdadero deseo es el sentimiento,…. Vende la libertad por sentimiento y la orienta sin tener en cuenta a la persona, la trata como un objeto. Y, ¿qué hace? Reducir esos deseos innatos, orientarlos de otro modo, según el poder fáctico de turno (ideología de turno), dividiéndola, generando una confusión de su identidad para poder manipularla más fácilmente. ¿En qué punto del horizonte está la persona para aquellos que ostentan el poder? A los padres se les exige responsabilidades sobre sus hijos, sin embargo, una menor de edad puede abortar sin su consentimiento; un/-a menor puede cambiar de sexo, o exigir tratamiento hormonal sustitutivo incluso antes de comenzar la adolescencia. A los sanitarios se les ata de pies y manos, quedando en entredicho la objeción de conciencia. A los profesores se les coarta en la educación que imparten a sus alumnos, así como en las materias a enseñar. En fin, se coarta la libertad de aquellos que se oponen a la pretensión de la ideología, es decir, no se respeta a la persona y se la manipula a su antojo, vendiendo la libertad como una panacea.

 

Por eso, cuando leí la respuesta de nuestros Obispos, me dije: ¡Qué coraje tienen! Este coraje nace de hombres verdaderamente libres, no sujetos a las modas o tendencias del momento, sino pertenecientes a Aquel que les hace libres y lo expresan públicamente aún a sabiendas de las reacciones ideológicas que puedan suscitar (simplemente han hecho uso de su deber y derecho en el país que viven). Decir estas verdades por parte de quien ha experimentado un gran descubrimiento no exime al oyente ver interpelada su conciencia, que puede aceptar o no como hipótesis de trabajo.

 

Este es el desafío que tenemos los cristianos, crecer en la fe para liberarnos de todo lo que nos esclaviza y afrontar de un modo verdadero las circunstancias de nuestra época. 

 

LEY NATURAL, LEY CIVIL Y LIBERTAD

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Por: María Concepción Casas Nieto

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