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Opinión en Libertad

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"La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida"

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"La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida"

No tengo nada que decir. Preocupante si me enfrento a una hoja en blanco con el encargo de escribir “algo” para ATRIO. Preocupante también, si en verdad, no tengo nada que decir. Es complicado, o al menos a mí me lo parece, escribir para que lo escrito, pueda ayudar a alguien y ayudarme a mí también. Reflexiona me digo, alguna cosa te preocupará, no puedes estar viviendo en una burbuja sin que nada te afecte. Y es cierto. No es así. Hay una cosa, si se le puede llamar cosa, que me preocupa sobremanera: el hombre.

 

Veo que hoy nos dejamos llevar por las modas. No podemos vivir sin lo último. Vivimos una vida de oropel. Si se llevan las gafas redondas, de colores, todos llevamos las dichosas gafas. Si este año lo último son los vestidos de flores llamativas, los armarios repletos de ropas chillonas y floreadas. Si este año se llevan las mechas californianas, todas las cabezas se llenan de ellas. ¿Las vacaciones? Todos a la Riviera Maya si ese es el lugar de moda. No digamos nada de los cuerpos bien torneados, horas y horas de gimnasio, de salir a correr, de hacer deporte. Parece que nuestra anatomía la haya esculpido un nuevo Miguel Ángel, el Miguel Ángel del siglo XXI.

 

¿Y el afán por tener el último cachivache tecnológico? ¿No está esto destrozando las relaciones humanas? ¿No nos está sacando de nosotros mismos y de nuestro entorno más cercano? ¿Vivimos la vida de otros? ¿Somos marionetas movidas por otros? Tanto Facebook, tanto Twitter, tanto, tanto, tanto… ¡Qué poco nos ocupamos del hombre y su destino!

 

Me preocupa el hombre que es, no el que tiene. El que vive en una mansión y el que vive en un centro de acogida. El que tiene un cochazo y el que te pide una moneda para un café.

 

El hombre es un ser creado para la felicidad, una Felicidad con mayúsculas, no una de “brilli, brilli”. Un hombre con una dignidad tal, que un día, todo un Dios, cumpliendo su promesa, envió a su Hijo a la tierra para rescatarnos pagando nuestro precio con su sangre. Un Hombre, como yo, que me recuerda quién soy y a Quién pertenezco. Un Hombre que ve mi yo más que yo mismo, al que no le importa si soy una magnífica fachada y qué es lo que tengo. Un Hombre que me recuerda cada día, cuánto me quiere, y lo importante que soy para Él.

 

No tengo nada más que decir.

 

A Pedro que dedicó su vida a ser. 

 

 

NADA QUE DECIR

reflexión

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Por: Margarita López de Aguileta

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